Corrían mediados de los 90, eran tiempos en los que Windows se convertía en sistema operativo y la informática empezaba a extenderse por los hogares del país. Por aquel entonces, a varios compañeros del colegio les compraron su primer ordenador y casualmente, todos compartían unas características muy similares.
Eran 486 DX2 a 66 MHz con 4 u 8 MB de memoria RAM y 250 - 500 MB de disco duro. Me llamó un poco la atención el precio de esos equipos, todos ellos costaron alrededor de 150.000 pesetas cuando lo normal hasta entonces era gastarse 200.000 en un equipo medio. No le dí la menor importancia, pues todos aseguraban haber aprovechado una oferta pese a que cada uno había sido adquirido en un establecimiento diferente.
El procesador de moda en aquella época.
Pasaron los años y sin buscarlo me encontré con uno de esos equipos (se iba a la basura y me lo ofrecieron). No le hice mucho caso, instalé unos cuantos programas y de paso comprobé que Windows 95 se colgaba con facilidad. Otros tantos años volvieron a pasar, durante los cuales aprendí algo de electrónica a base de quemar y arreglar aparatos. Mientras tanto, el 486 DX2 esperaba almacenado sin despertar sospechas...
Todo cambió el día que un vecino me donó otro 486. Iba a correr la misma suerte que el primero y como tenía buena pinta no pude resistirme a aceptarlo, convenciéndome a la vez de que tendría que deshacerme del que ya tenía. Así que me puse a desmantelarlo para aprovechar las piezas cuando me percaté de algo poco común: el chip de la BIOS, una EPROM 27C512, estaba soldado a la placa base. Pero no era el único, todos los chips de memoria caché también lo estaban. Lo normal es que estos circuitos integrados se coloquen en zócalos para poder sustituirlos en caso de avería, ya que son vitales para el funcionamiento del sistema. Precisamente estos componentes eran los únicos que me interesaba rescatar de todo el ordenador, así que guardé la placa base en una caja para desoldar los integrados cuando tuviera tiempo y el resto de la torre se fué al punto limpio.
La EPROM soldada a la placa base. ¿Con qué propósito? Para nada bueno, seguro...
Hace unos meses, navegando entre páginas de retroinformática, leí algo acerca de un fraude que se llevó a cabo en los años en los que comienza esta historia. Un tiempo antes de que saliera al mercado el 486, se empezó a utilizar la memoria caché en los 386 para aumentar su rendimiento. Es una memoria pequeña pero muy rápida que almacena los datos usados recientemente y los sirve al procesador, evitando que éste tenga que leerlos continuamente de la memoria RAM. Cuando se lanzó el 486 el uso de la memoria caché estaba muy extendido y muchos equipos la montaban de serie, pero era un componente muy caro. Entonces entra en escena cierto fabricante de componentes asiático que empieza a vender unas placas base de 486 sin marca a precios mucho más bajos que la competencia. De la noche a la mañana, la mayoría de PCs clónicos empiezan a montarse con esa placa y el precio del equipo completo se rebaja. Parece increíble, pero nadie se da o quiere darse cuenta de lo que ocurre: la placa base barata NO lleva memoria caché. El astuto fabricante asiático coloca chips "de mentira" en su lugar y modifica la BIOS para que al encender el ordenador aparezca un falso mensaje anunciando la presencia de memoria caché. ¿Cómo encubrir este fraude? Soldando dichos componentes para que nadie pueda retirarlos y descubrir el engaño. Queda por descontado decir que en los 90 nadie en su sano juicio se atrevería a destrozar su nuevo ordenador para averiguarlo (a día de hoy en cambio, la gente destroza iPads y demás gadgets nuevos sólo por colgar dicho acto en internet).
Conforme iba leyendo la página que narraba el fraude me acordaba de la placa base que tenía guardada en algún rincón. Todos los detalles encajaban (fecha, chips soldados, marca desconocida) así que no podía quedarme con la duda; era hora de desoldar esos chips.
Primer plano de nuestros protagonistas
El dato más importante para identificar los chips falsos es el texto que llevan impreso: "WRITE BACK". Además mirándolos detenidamente se ve que están impresos de una forma un tanto chapucera... cada chip lleva el texto escrito a una altura diferente, ninguno lo tiene bien centrado (en uno las letras incluso se salen fuera del encapsulado). Y como me temía, el multímetro ha sido concluyente. Las patillas de estos integrados no están conectadas a nada. Son meras cucarachas decorativas.
Así que me quedo sin chips de memoria caché, sólo he rescatado la EPROM. Pero por otro lado, me queda la satisfacción de poder corroborar la historia: es gratificante y no me ocupa espacio.